LA COLECCIÓN DE MUÑECAS DE LOLA ANGLADA

Miradas de antaño

La escritora e ilustradora catalana Lola Anglada (1892-1984) sentía una profunda pena cuando se encontraba una muñeca desamparada en algún anticuario o mercadillo callejero. A lo largo de su vida rescató del olvido a muchas de estas muñecas y reunió centenares de ellas. En 1961 cedió su magnífica colección a la Diputació de Barcelona, y pasó a formar parte del Museu Romàntic Can Llopis, en Sitges. Estas auténticas obras de arte tienen una apariencia sobrecogedora, y son un impresionante muestrario de la indumentaria femenina de la época. Sin embargo, el museo necesita una urgente renovación para garantizar la conservación de estas piezas tan delicadas.

Texto y fotografía: CAROL VALENCIANO
(Copyright: Arxiu fotogràfic del Consorci del Patrimoni de Sitges)

museu-romantic-de-sitges-05

Muñeca de porcelana del siglo XIX. / Copyright ©

La segunda planta del Museu Romàntic Can Llopis, en Sitges, estaba vacía y nos quedamos a solas con todas aquellas muñecas, de más de un siglo de antigüedad. Sólo son juguetes que permanecen inmóviles tras el cristal de las vitrinas, pero se siente la presencia de esas 400 muñecas; sus miradas profundas e hipnóticas derrochan vida. Los rostros de estas muñecas son inquietantes: ojos grandes y expresivos, dientes pequeños, mofletes de color rojo encendido, cabello humano inerte y vestidos de otras épocas. Esta magnífica colección que perteneció a Lola Anglada, y que ella misma donó en 1960 a la Diputació de Barcelona, es única. “Es una colección valiosa que comprende muñecas de muchos tipos y de diversos materiales. Se puede contar entre las mejores de su género y obviamente es la más importante de España”, explica Assumpta Gou i Vernet en Les nines del Museu Romàntic.

Lola Anglada (Barcelona, 1892), destacada ilustradora y escritora, fue una persona entusiasta que se sintió atraída por el mundo mágico de las muñecas y por todo lo referente a la infancia. A lo largo de su vida colaboró con diversas revistas infantiles catalanas y realizó ilustraciones para libros, entre ellos Alicia en el país de las maravillas. En 1918 obtuvo una beca de estudios del Estado francés y vivió muchos años en París, donde adquirió gran parte de sus muñecas. Sentía una ternura especial hacia las muñecas que, con el paso de los años, habían quedado relegadas al olvido y que en muchas ocasiones se tiraban. Se compadecía de ellas y las rescataba de una destrucción casi segura. “No hay nada que tenga una vida más efímera que un juguete, son muy pocos los que han podido resistir el paso del tiempo”, relata Lola Anglada en su libro Les meves nines. Una urna que contiene una muñeca vestida de santa (que está expuesta en el museo) despertó su pasión por las muñecas. Su abuelo Sarriera la encontró arrinconada y olvidada en una mercería del barrio de Gràcia y la compró, junto a otras dos muñecas más. Lola sintió entonces la necesidad de apropiarse de todas las muñecas que encontraba, las buscaba por anticuarios y mercadillos, como Els Encants de Barcelona y, sobre todo, el Mercado de las Pulgas de París (Marché aux Puces). Así creó una “gran familia de muñecas”, que nos dejó tras su muerte en 1984, y que en la actualidad está expuesta en el Museu Romàntic de Sitges. “Mis muñecas me han ayudado a hacer agradable mi vida de artista exigente de voluntad, no han dejado decaer mi mundo, a menudo sometido al descorazonamiento; más de un momento sombrío ellas me lo han hecho alegre retornándome a la placidez, al optimismo y a todas las promesas” escribió Lola Anglada en su libro.

“Mis muñecas (…) no han dejado decaer mi mundo, a menudo sometido al descorazonamiento …”, dijo Lola Anglada

La mayor parte de las muñecas estaban destinadas a ser maniquíes, e incluso algunas eran réplicas casi exactas de sus propietarias. “Algunas muñecas son unos maniquíes fantásticos. A través de ellas se puede realizar un estudio sobre la evolución de la indumentaria femenina; muchos vestidos son realmente preciosos”, comenta Elisenda Casanova, documentalista del museo. Estas muñecas, de otras épocas y lugares, que han pertenecido a personas del pasado y que han decorado el salón o dormitorio de alguna casa, esconden una belleza casi tétrica.

museu-romantic-de-sitges-03

Muñeca francesa de alrededor de 1870. / Copyright ©

La más antigua es una muñeca italiana del siglo XVII, tallada en madera y sentada en una silla. Por otro lado, resulta chocante una muñeca bebé alemana de finales del siglo XIX que voltea la cabeza y muestra dos caras: una negra y otra blanca. Además, dispone de un mecanismo que imita el llanto de una criatura. Otra pieza, también alemana, pero más sofisticada, tiene incluso tres caras: una que duerme, otra que ríe y otra que llora. El museo también cuenta con algunos autómatas, como una muñeca vestida de arlequín y que luce una peluca blanca de pelo de angora. Está situada sobre una plataforma con ruedas y cuando se le da cuerda gira como si bailase. La colección también acoge las clásicas muñecas catalanas, las Pepas, muy populares y baratas en su época. Se elaboraban con pasta de cartón y portaban vestidos sencillos. Algunas tienen un aspecto imponente, ya que pueden llegar a medir más de un metro de altura.

museu-romantic-de-sitges-02

Muñeca francesa que toca el piano. / Copyright ©

Una de las muñecas más espeluznante de la colección, de pequeña estatura, tiene la tapa de los sesos abierta. Y en la misma vitrina yacen otras tantas completamente desmembradas, e incluso hay piernas, brazos, torsos y cabezas sueltas.

Estas muñecas son tremendamente valiosas, no sólo por su historia y antigüedad, sino también por sus materiales: sobre todo la porcelana, pero también el papel maché, la madera, el cartón y la cera. El cabello, que normalmente está rizado o recogido, es natural o de angora. Todas las muñecas lucen una indumentaria preciosa, visten telas de calidad rematadas con mil detalles. Ahora, en cambio, las muñecas se confeccionan de plástico y tienen el pelo sintético.

El Museu Romàntic Can LLopis de Sitges, situado en una casa señorial de estilo neoclásico, creó el escenario perfecto para las muñecas. Una parte del mobiliario se mantuvo y otra se adquirió en anticuarios para recrear una casa del siglo XIX. Sin embargo, el museo necesita una pronta renovación. Las vitrinas donde se exponen las muñecas no son las adecuadas para su perfecta conservación, sobre todo por las telas de los vestidos, que son de una delicadeza extrema. “Hay problemas de humedad, las vitrinas no son herméticas y tampoco nada cómodas, ya que a veces necesitas sacar una pieza concreta y es muy complicado porque debes manipular las demás”, explica Elisenda con cierta preocupación. “Los fondos con los que cuenta el museo son escasos y hay muñecas que necesitan ser restauradas”, añade. Una buena parte de la colección de muñecas de Lola Anglada aún no ha sido expuesta.

museu-romantic-de-sitges-04

Muñeca de porcelana del siglo XIX. / Copyright ©

Por otro lado, el Ayuntamiento de Tiana -población del Maresme en la que Lola Anglada se instaló después de la Guerra Civil y hasta su muerte, en 1984- le dedicará un museo, en la Casa de les Palmeres, la finca de veraneo de la familia. El museo, que está previsto que abra en 2012, reunirá buena parte de la obra artística de la ilustradora.

Al abandonar el Museu Romàntic, y tras observar atentamente a las muñecas, no es temor lo que se siente, sino fascinación por un producto vetusto, elaborado manualmente y cuyo encanto sobrevive al paso de los años. Estas muñecas que coleccionó Lola Anglada, auténticas obras de arte, permanecerán por mucho tiempo en la memoria del visitante, porque parecen tener vida propia. Sus miradas son miradas de antaño.

VN:F [1.9.11_1134]
Rating: 5.0/5 (2 votes cast)
Miradas de antaño, 5.0 out of 5 based on 2 ratings
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente. Publica un comentario o deja un trackback: URL del Trackback.

Publicar un Comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con un *

*
*

*