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INVESTIGACIÓN / EL CASTILLO DE CASTELLDEFELS, ANTIGUA PRISIÓN DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (II)

El castillo y sus enigmas

En abril de 2013 se cumplen 75 años de la llegada de las Brigadas Internacionales al castillo de Castelldefels o a la Casa de Prevención, que así es como se llamaba oficialmente. En la primera parte de este reportaje (Un castillo de muy mal agüero) se explican los motivos por los que se instaló una prisión de las Brigadas Internacionales en Castelldefels, se describe el calvario que sufrieron algunos de los presos y se incide en el hecho de que nunca han aparecido los muertos ni nadie ha reclamado sus cuerpos, si es que realmente se cometieron asesinatos. Pasan los años y desaparecen los supervivientes de aquella época. Se depositan capas y más capas de confusión o, en este caso, de tierra, si es que realmente están sepultados. Sin embargo, y como se puede comprobar en este reportaje, sí que ocurrieron cosas, pero se desconoce la dimensión de los hechos. Éste es precisamente el objetivo de esta investigación: en primer lugar averiguar si se produjeron crímenes en el castillo de Castelldefels -parece evidente-, y a continuación determinar el número aproximado de muertes, con el fin de precisar la magnitud de la barbarie.

Texto: ALEC FORSSMANN

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El castillo de Castelldefels en 1933. / © ICGC

Las siguientes personas afirman, principalmente en sus libros o memorias, pero también de forma directa, que en el castillo de Castelldefels se perpetraron crímenes durante la época en que fue utilizado como prisión de las Brigadas Internacionales, esto es, desde abril de 1938 hasta enero de 1939. Unos testimonios son directos (la masovera María Fusté, el cabo Joseph Burnier y los ex brigadistas Poul Erik Dreyer, Torben Rune y Edward Horan) y otros indirectos, pero que tuvieron acceso a información privilegiada sobre el castillo (Diego Abad de Santillán, Carlo Penchienati y Roger Codou). La octogenaria Maria Fusté reside en Castelldefels. Dreyer, Rune, Santillán y Codou fallecieron hace años; Penchienati probablemente también (nació en 1899). Se desconoce el paradero de Joseph Burnier y de Edward Horan.

Familia Fusté

La familia Fusté es una de las más antiguas de Castelldefels. Los abuelos de María Fusté eran masoveros de la familia Girona, propietaria del castillo. Vivían en una masía situada en el recinto del castillo y anexa al mismo. Ahí nació María Fusté en 1931. Era, por tanto, una niña cuando se instalaron las Brigadas Internacionales a comienzos de 1938, pero aún conserva muchos recuerdos de su infancia, aunque son “muy malos”. Asegura que “mataron a tres o cuatro soldados y los enterraron en el jardín“. Cielo Oscuro le mostró una fotografía aérea del castillo, realizada en 1947 por la Compañía Española de Trabajos Fotogramétricos Aéreos (CETFA), y María Fusté señaló tres tumbas en el jardín del castillo, aunque recuerda que, una vez finalizada la contienda, fueron profanadas, al menos, por dos mujeres que vivían en el castillo, que seguramente buscaban algo de valor. María Fusté afirma haber visto un muerto en el recinto del castillo: “Los guardias dijeron que se había caído desde lo alto del torreón, pero nadie se lo creía; a ese chico lo tiraron”.

Su hijo, Pere Casadevall, de 57 años de edad, se conocía todos los rincones del castillo. “Cuando tenía 14 o 15 años jugaba con mi hermano por aquí”, explica a Cielo Oscuro. Pere recuerda que en la época había tres cavidades subterráneas naturales en la zona del castillo, dos en las inmediaciones y una en el interior del mismo, hoy en día imperceptibles debido a la transformación urbanística que ha sufrido el paisaje. En la calle Can Roca, en el lugar que ocupan hoy seis modernas viviendas unifamiliares, se localizaba la entrada a una de las cuevas. “Medía entre 1,5 y 2 metros de altura, era muy estrecha y tenía una longitud de unos 12 o 15 metros como mínimo, a partir de ahí se había derrumbado el interior”, recuerda. “En tiempos de la Guerra Civil mi familia la utilizó como refugio, porque el castillo no era seguro”, añade. Si la cueva describía una línea recta -como supone Pere- podía dirigirse a la entrada del castillo, pasando incluso por debajo de la torre de vigilancia, de planta circular, situada en la plazoleta del castillo y cuya función todavía se desconoce. Tampoco resultaría descabellado pensar que esta torre pudiera estar conectada con el castillo por el subsuelo, teniendo en cuenta que antiguamente los señores feudales utilizaban este tipo de estratagemas para huir en caso de invasión. Sin embargo, por el momento, todo son especulaciones. En la calle Bisbe Urquinaona, a la altura del cruce con la calle Tomàs Edison, había otra cueva que ascendía por el cerro en dirección al castillo, aunque Pere nunca la exploró en su totalidad y no puede determinar su longitud. La entrada a esta cueva también está soterrada. La tercera cueva, y la más importante en esta investigación, se ubicaba en la planta baja del castillo, junto al antiguo pozo, que tenía un brocal de piedra, pero que desapareció bajo el embaldosado actual. “La entrada a la cueva se encontraba al nivel del suelo y se descendía a través de unos escalones tallados en la tierra. Mi madre siempre nos decía que no nos metiéramos por ahí, pero nosotros entrábamos con linternas. La cavidad tenía una altura de 1,5 metros y una anchura de un metro, aproximadamente. “Ahí es donde mi hermano y yo encontramos restos óseos -y no eran de animales-, vainas, pedazos de rifles de la Guerra Civil y munción”, asegura Pere.

El arqueólogo Albert López, jefe de la unidad de Investigación Histórica del Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local de la Diputación de Barcelona, responsable de las excavaciones en el castillo entre 1989 y 1995, y en campañas puntuales entre 2001 y 2007, explica a Cielo Oscuro que “el brocal del pozo, en el que no se realizó ninguna excavación, estaba situado en un pequeño patio entre el nordeste de la iglesia y la casa rectoral. Actualmente, este patio es un espacio abierto que conecta con el exterior de la cabecera de la iglesia. El brocal se suprimió durante las obras de restauración, en los años 1994 y 1995, pero mi impresión es que no correspondía a ningún pozo, sino a una cisterna, una de las cuatro, de diversas épocas, que hemos documentado hasta ahora en el castillo”. Y sobre la supuesta cueva subterránea indica lo siguiente: “Se trata de una fresquera [lugar en el que se guardaban los alimentos para conservarlos frescos] del siglo XVIII, a la cual se accedía por una puerta situada en la parte baja de la fachada sur de la rectoría, al lado del ábside sur de la iglesia. Se trataba de un pasillo que iba descendiendo hacia el sur y, como es habitual en este tipo de elementos, finalizaba en un compartimento de planta circular, cubierto con una especie de cúpula”. En el jardín del castillo tampoco se realizó ninguna excavación, “a excepción del lugar por donde pasa el camino de acceso, en el que aparecieron estratos de los siglos XVIII y XIX, además de las zanjas que se abrieron cuando se instaló la nueva iluminación, pero no se encontró nada”.

Joseph Burnier

En el Asunto del preventorio de las Brigadas Internacionales en el castillo de Castelldefels -un expediente que se abrió en 1938 a la comandancia del castillo, que se encuentra en RGASPI, en Moscú, y que Manuel González Moreno transcribió y cuya copia cedió a Cielo Oscuro-, el cabo Joseph Burnier declara lo siguiente en un parte fechado el 1 de septiembre:

“Desde hace algún tiempo he visto muchas cosas pero temiendo la tortura lo declaro abiertamente: el 2 de julio murió un camarada chino Sen Sen Semfley, y el camarada Ferstacien me dijo que no dijese nada a nadie de lo contrario podría ser malo para mí, porque quienes estaban al corriente de este asunto eran el Agente del SIM Curson Werstappen, Comandante Lantez así como el Comisario Político Dupont”.

Poul Erik Dreyer

El ex brigadista danés Poul Erik Dreyer (1908-1981) fue capturado en mayo de 1938, en un intento de deserción de las filas republicanas. Regresó a su país en noviembre de 1938. Por tanto, debió estar recluido en el castillo en algún momento entre mayo y noviembre de 1938. A este periodo corresponden sus vivencias sobre el castillo que plasmó en un diario que se conserva en la Biblioteca Real de Dinamarca, en Copenhague, y que tradujo la revista El Temps:

“El comandante francés Lantés fue condenado a muerte por las acusaciones de asesinato, porque se encontraron los restos mortales de dos internacionales que habían sido enterrados en el jardín del castillo“.

Marcel Lantez dirigió la prisión desde mayo hasta finales de agosto de 1938 (aproximadamente unos tres meses). Es decir, el asesinato de los dos internacionales se debió producir entre estas dos fechas. De hecho, el cadáver del chino Sen Sen Semfley -que según Joseph Burnier murió el sábado 2 de julio de 1938- podría corresponder perfectamente con el de uno de estos dos internacionales.

Torben Rune

El ex brigadista danés (1915-1999) también estuvo preso en el castillo. Al igual que su compatriota, regresó a casa en noviembre de 1938. En 1939 publicó sus memorias, bajo anonimato, en la revista Uge Journalen. Cielo Oscuro ha traducido los pasajes más relevantes para esta investigación:

“La Celda Número 4 no tenía más de 2 metros de ancho y 6-7 metros de largo. Allí permanecieron entre 30 y 35 presos. Recibían una cucharada de agua salada y media barra de pan al día. Muchos de ellos murieron por este motivo“.

“Varios días, mientras formábamos en filas, vi cerdos deambulando por el patio delantero. Aparecieron huesos humanos y otras cosas espeluznantes. Entonces, los superiores desenterraron todo el jardín. Varios cuerpos presentaban signos de tortura, como el de un chino que había sido golpeado hasta la muerte”.

Se refiere a Sen Sen Semfley, a quien también cita Joseph Burnier y Carlo Penchienati. Esta última declaración coincide, a su vez, con el testimonio de Poul Erik Dreyer.

Cielo Oscuro ha conseguido contactar con Ingelise Rune, hija de Torben Rune, quien afirma que:

“Mi padre nos explicó muchas historias sobre España, pero creo que hay cosas que intentó olvidar. Estamos convencidos de que fueron precisamente estas experiencias las que provocaron su enfermedad en sus últimos días”.

Y sobre la veracidad de sus declaraciones en Uge Journalen, declara:

“Estoy convencida de que todo lo que mi padre contó en Uge Journalen es cierto. Nunca le vi contar una mentira. Era un hombre muy honesto. Una vez me dijo que todos los voluntarios que combatieron en la Guerra Civil eran jóvenes temerosos; él también lo era”.

Edward Horan

El norteamericano Edward Horan fue un brigadista del Batallón Abraham Lincoln. Intentó desertar tras la retirada de las tropas republicanas, pero fue apresado y enviado al castillo de Castelldefels. Fue compañero de celda de Albert Wallach, un voluntario de Detroit que, según explica Cecil Eby en su libro Entre la bala y la mentira (1969):

“Fue llevado a la prisión de las Brigadas Internacionales de Castelldefels, a 20 kilómetros de Barcelona, y arrojado a una cisterna vacía. Sus compañeros de prisión le oían gemir, pero no podían hacer nada por él. Probablemente se le había reproducido la hernia. A la mañana siguiente, la cisterna estaba vacía. Nadie volvió a ver a Albert Wallach. Años más tarde, el padre de Wallach le mostró una fotografía de su hijo a Agostino [según Eby, un policía de las Brigadas Internacionales que ejercía de jefe de la prisión desde Barcelona] y le preguntó si recordaba haber visto aquella cara. Agostino la miró y dijo que se parecía un poco a Cary Grant”.

Según el testimonio de Edward Horan, ante el Tribunal de Control de Actividades Subversivas (SACB), Albert Wallach fue acusado de ser un espía americano. Peter Carroll, autor de La odisea de la Brigada Abraham Lincoln: los norteamericanos en la Guerra Civil Española (1994), explica lo siguiente:

“Cuando Wallach no regresó a Estados Unidos al final de la guerra, su padre emprendió una investigación para conocer su paradero. Vestido como un marinero, se mezcló con algunos veteranos del Batallón Lincoln en Nueva York. Supo a través de Horan que su hijo, ‘después de ser brutalmente golpeado y de padecer hambre durante bastante tiempo, fue conducido inconsciente hasta el patio y sin ser juzgado por un consejo de guerra… fue ejecutado deliberadamente‘ por un norteamericano agregado al Servicio de Inteligencia Militar (SIM)”.

Es decir, según las declaraciones que recoge Peter Carroll, Wallach fue ejecutado por Agostino (alias de Anthony DeMaio).

Diego Abad de Santillán

Sinesio García Fernández (1897-1983), más conocido bajo el seudónimo de Diego Abad de Santillán, fue un dirigente anarquista español. Durante la Guerra Civil formó parte del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña y fue consejero de Economía de la Generalitat de Catalunya entre diciembre de 1936 y marzo de 1937.

En su libro ¿Por qué perdimos la guerra? (1940) escribe:

“Lo ocurrido en las tchekas comunistas de la España republicana cuesta trabajo creerlo. En el  Hotel Colón de Barcelona, en el Casal Carlos Marx, en la Puerta del Angel 24, y en la de Villamajor 5, todos de Barcelona, como en el Convento de Santa Úrsula en Valencia, en el castillo de Castelldefels, en Chinchilla, etc., etc., se perpetraban crímenes que no tienen antecedentes en la historia de la inquisición española, que tiene bastante que contar, sin embargo. ¿Íbamos nosotros a silenciar esos hechos, asumiendo ante la historia la mancha de complicidad o de cobardía? A Ministros en ejercicio del Gobierno Negrín hemos dicho con todas las letras el juicio que merecía su pasividad y su ceguera voluntaria. Se ha deshonrado la revolución española y la guerra al fascismo con los procedimientos policiales desde la Dirección General de Seguridad, desde el Servicio de Investigación Militar, desde las tchekas privadas, de partido. Se ha herido lo más sagrado del alma popular y se ha puesto a la España eterna contra un régimen que auspiciaba o toleraba esos horrores. El ayuntamiento de Castelldefels tuvo que protestar por la serie de cadáveres que dejaba en la carretera todas las noches la tcheka del castillo. Hubo días en que se encontraron 16 hombres asesinados, todos antifascistas, pero contrarios al comunismo“.

Calixte Marés Gispert fue comisario municipal del Ayuntamiento de Castelldefels en 1938. Firmó la última acta del Ayuntamiento antes de la llegada de las tropas franquistas, en enero de 1939. Cielo Oscuro ha localizado a su hija, Maria Lluïsa Marés, pero explica que su padre “era una persona reservada y nunca hablaba de la época de la Guerra Civil”.

Sobre la veracidad de los hechos que denuncia Santillán, Cielo Oscuro contactó con Heleno Saña (Barcelona, 1930), filósofo y ensayista español, que escribió el prólogo de la edición de 1975. Respondió lo siguiente:

“Santillán era uno de los hombres mejor informados del bando republicano, y no tuve nunca la menor duda de la veracidad de sus datos y declaraciones sobre los asesinatos comunistas durante la guerra, aparte de que mi relación y mi amistad con él excluía a priori que a mí se me ocurriera investigar lo que él afirmaba”.

“Por los conocimientos y datos de primera mano que Santillán poseía gracias a su significación como alto dirigente de la FAI, personalmente no tengo ningún motivo para dudar de sus afirmaciones”.

Por otro lado, y dado que no se ha encontrado nada en el castillo, cabe también la posibilidad de que se deshicieran de los cadáveres en un lugar más retirado.  Según varios testimonios, durante la guerra, sobre todo al inicio pero también a finales, era habitual el paseo nocturno hacia las costas del Garraf. Sacaban a los presos de las checas políticas y prisiones, los trasladaban en camiones, los fusilaban a pie de carretera y los lanzaban al mar, como ocurrió con los hermanos Soliano Marot, en agosto de 1936, o con Juan Figuerola Ferrer, en abril de 1938. Algunos quizá caían por el camino, de ahí pudo proceder la queja que hizo el Ayuntamiento de Castelldefels al encontrar cadáveres dentro de su término municipal.

Se trata de una posibilidad real. En el Asunto del preventorio de las Brigadas Internacionales en el castillo de Castelldefels, Marcel Lantez comenta que la Casa de Prevención tiene a su disposición “una pequeña camioneta” y solicita a las autoridades “otro vehículo” para satisfacer las “dificultades de transporte”. “Debemos asegurar la Intendencia, el correo y el enlace con el Servicio de Investigación Militar, el transporte de detenidos, las faenas de leña, arena y otros materiales que nosotros recuperamos para la instalación de la Casa de Prevención, y algunas veces el transporte de algún enfermo”, manifiesta Lantez. También argumenta que “la carretera que conduce a la Casa de Prevención no era transitable, hoy es cosa hecha”. Sin embargo, sus declaraciones no parecen encajar con la realidad. En este sentido, varios testimonios denuncian el extraño comportamiento de Lantez y de su camarilla. El sargento Jean Schroeder, por ejemplo, observa “algo sospechoso en la actuación de unos camaradas en las salidas y entradas del castillo a todas horas y portando paquetes”. Según Schroeder, Lantez le contesta que “el Intendente, el chófer, el cocinero y otros tantos estaban autorizados a no enseñar lo que llevaban a la Guardia. Así que muchas veces se ha visto salir la camioneta durante la noche, llevando al cocinero y el Intendente y regresar de madrugada en estado de embriaguez todos ellos. Se ha dado también el caso de que el chófer no se ha querido parar a la pregunta del centinela, por el contrario ha acelerado la marcha sin apagar los faros poniendo en peligro la vida misma del centinela que no podía darse cuenta si el coche pertenecía al servicio del castillo o si fuera al servicio de unos mal intencionados”.

Con esto no se quiere dar a entender que la comandancia del castillo ocultara los supuestos cadáveres en el interior de una camioneta, con el fin de trasladarlos a otro lugar, sino que se quiere evidenciar el sospechoso vaivén de personas que se producía en el castillo.

Carlo Penchienati

El ex comandante de la Brigada Garibaldi, critica en sus libros a altos mandatarios de las Brigadas Internacionales y afirma que en el castillo de Castelldefels se produjo un número desaforado de víctimas.

“El castillo de Castelldefels, a una treintena de kilómetros de Barcelona, fue convertido en una cárcel y allí se concentraron los 265 detenidos de las prisiones de Albacete y Chinchilla de las cuales ya hablé. El famoso teniente Copic, ya mencionado, fue nombrado comandante y nada más llegar mandó fusilar a una sesentena …”.

Respecto al número de reclusos, el comisario Dupont y el comandante Lantez afirman lo siguiente en una declaración fechada el 29 de agosto de 1938 en el Asunto del preventorio de las Brigadas Internacionales en el castillo de Castelldefels: “… los detenidos que son actualmente próximos a 200, pero nosotros habíamos habido hasta 300 …”. Es decir, las cifras que presenta Penchienati resultan verosímiles.

Y sobre Lantez dice:

“Para conocer con exactitud los innumerables crímenes y qué fue capaz de cometer este ser inmundo, bastaría leer las deposiciones que se encuentran en las actas del proceso que se desarrolló en Barcelona en octubre de 1938, ante el Tribunal de Alto Espionaje Republicano, expedientes abandonados en Barcelona y que cayeron en manos de los franquistas”.

Penchienati relata con pelos y señales uno de los asesinatos:

“El teniente Hans Rudolph, de nacionalidad alemana, después de un martirio que duró seis días y durante el cual le arrancaron las uñas de las manos y le rompieron los brazos y las piernas, fue finalmente arrastrado al bosquecillo que se encuentra sobre la explanada del castillo, asesinado de un tiro en la nuca y enterrado en el lugar; esto ocurría el 14 de junio de 1938″.

Cielo Oscuro ha contactado con la asociación alemana Kämpfer und Freunde der Spanischen Republik (KFSR), sobre los voluntarios alemanes que combatieron a favor de la República, pero no tiene constancia del teniente alemán Hans Rudolph, aunque “podría estar incluido en nuestros documentos en Austria o en Suiza”. El KFSR sólo tiene constancia de dos alemanes vinculados a la prisión del castillo: Karl Kuhnert (1896, Eisleben), comandante del Batallón Thälmann, y el poumista Bernhard Rosner, que estuvo preso en el castillo de Castelldefels el 19 de enero de 1939, es decir, tres días antes de su evacuación. Cielo Oscuro también ha contactado con la asociación suiza IG Spanienfreiwillige, sobre los voluntarios de este país que participaron en la Guerra Civil, pero sólo tiene referencias de ocho brigadistas que estuvieron en Castelldefels: Jean Leuba (1896-1980), Albert Bohler (1897-?), Karl Dahinden (1898-1969), Fernand Jossevel (1901-1991), Frédéric Baudet (1902-1969), Othon Petrie (1902-?), Leopold Stern (1915-2006) e Isaak William (1904-?). No se ha obtenido información sobre Hans Rudolph, si es que realmente existe este personaje. Penchienati también menciona a un italiano llamado Allocca, un ex comandante del Escuadrón de Caballería del Batallón Lincoln, que fue arrestado y trasladado al castillo, donde recibió “tal ración de golpes que lo mermaron físicamente y que le causaron una cicatriz aún visible en el rostro; después consiguió huir y lo reencontré cuando regresé definitivamente a París”. Cielo Oscuro ha contactado con la organización Abraham Lincoln Brigade Archives (ALBA), pero no tiene constancia del capitán Allocca.

Penchienati describe otro caso, el de un italiano cuyo nombre “no recuerda”:

“Otros siete detenidos de varias nacionalidades, entre los cuales un italiano cuyo nombre no recuerdo, pero que figura en las actas del proceso, fueron asesinados más o menos de la misma manera y sus esqueletos, como aquellos de muchos otros, aún se pueden encontrar enterrados en el bosquecillo del castillo“.

Y refiere otras muertes:

“En julio, el teniente francés Brevant, había conseguido huir con dos soldados, un belga y un canadiense. Aprisionados dos días después y devueltos al castillo, fueron desnudados y después de una abundante dosis de palos, arrojados en una celda (…) Cuatro o cinco días después el belga murió de pulmonía …”.

“Se había ordenado eliminar una buena parte de los detenidos en Castelldefels, pero durante el traslado y después de alguna ejecución, estos se rebelaron masacrando a sus guardias verdugos, y dispersándose consiguieron regresar aisladamente a Francia”.

Conviene subrayar que Carlo Penchienati es un personaje sumamente controvertido. Suyas son las declaraciones más rotundas y radicales sobre los supuestos asesinatos perpetrados en el castillo de Castelldefels, y a fecha de hoy nadie las ha podido refutar.

Fernando Rodríguez de la Torre, en su Bibliografía de las Brigadas Internacionales y de la participación de extranjeros a favor de la República, 1936-1939, dice lo siguiente sobre el libro que publicó Carlo Penchienati en 1965, I gustiziati accusano. Brigate Internazionali in Spagna:

“Un libro demoledor, nunca refutado en Italia, a pesar de que muchos personajes citados vivían allí entonces. Pero si le ponían un pleito por difamación, lo perdían, como ya se vio en el libro anterior”.

Marco Puppini, vicepresidente de la Associazione Italiana Combattenti Volontari Antifascisti di Spagna (AICVAS) explica lo siguiente a Cielo Oscuro:

“No es posible decir con seguridad, en base a las investigaciones que se han hecho hasta ahora, si Penchienati siempre ha estado al servicio de la policía política fascista o si ha sido un hombre que ha cambiado muchas veces de idea en el curso de su vida. Por cuanto se refiere a Castelldefels, creo verdaderamente que se cometió violencia contra algunos brigadistas encarcelados en el castillo. Por este motivo, Lantez y Milan Copic fueron condenados a muerte (…) Creo también que Penchienati mezcló hechos verdaderos con otros falsos completamente inventados, para crear un libro que no estaba al servicio de la verdad, sino que era un instrumento de propaganda anticomunista. Por esto, no considero a Penchienati un testimonio creíble y pienso que una parte de los hechos que describe en el libro es falsa”.

Roger Codou

El francés Roger Codou (1906-1999) fue voluntario de las Brigadas Internacionales en España. En 1956 rompió con su pasado comunista. En 1983 publicó el libro Le Cabochard, Mémoires d’un communiste, 1925-1982. Codou se autodenomina le cabochard (el testarudo) por su insistencia en denunciar las imposturas del Partido Comunista Francés (PCF).

En el prólogo de una carta escribe:

“Hoy, estoy en el ocaso de una vida de luchas a menudo estériles, pero enriquecido por experiencias personales. Los años que deambulé por los países de la democracia popular me permitieron descubrir poco a poco la otra cara de la moneda. Para mí, 1956 fue el año del shock (que me conmocionó). En marzo, un amigo polaco de las Brigadas Internacionales me tradujo, en el curso de una noche, el informe completo de Jrushchov. En la madrugada gélida del invierno polaco, regresé a mi hotel como un hombre borracho. En octubre del mismo año, en compañía de mi mejor amigo, Marcel Sagnier, fui a Budapest con motivo del XX aniversario de la creación de las Brigadas Internacionales. Cuatro días después de nuestra llegada, vivimos, día a día, el drama húngaro aplastado por los tanques soviéticos. Esta vez, la gota colmó el vaso, rompí con mi pasado en la confusión dolorosa de separarme de compañeros valientes y honestos con los que compartí las luchas y las esperanzas de la represión, las cárceles. En 1990 expresé lo que tengo en el corazón, en una carta dirgida a los reconstructores del partido, como se lee en el preámbulo”.

En una entrevista para el documental Die Internationalen Brigaden – Freiwillige im spanischen Bürgerkrieg (1996), de los alemanes Ute Bönnen y Gerald Endres, Roger Codou afirma (en francés en el original):

“Se produjeron casos verdaderamente dramáticos, pues las familias se sentían desamparadas y los hombres estaban profundamente preocupados por sus desgraciadas familias. Varios de ellos no aguantaron más y trataron de desertar. Las Brigadas tenían una prisión en Castelldefels, allí se produjeron fusilamientos en grupo. He revisado los documentos sobre las muertes de Castelldefels. Ahí se lee sobre todo: ‘Muerte por ahogamiento’, o ‘Accidente’. ¿’Muerte por ahogamiento’? Uno no se puede ahogar en una prisión. Fueron ejecuciones sin proceso judicial. Es una cosa que me ha conmovido profundamente”.

Curiosamente, en el mismo documental, Roger Codou menciona a Carlo Penchienati. “Mi amigo Penchienati fue comandante de la Brigada Garibaldi …”, dice Codou, lo que demuestra que ambos fueron amigos, precisamente las dos personas que han atribuido el mayor número de muertes al castillo.

Cielo Oscuro ha contactado con Michel Codou, hijo de Roger Codou. “Jamás oí a mi padre hablar de Castelldefels”, asegura. Y afirma que:

“Mi padre siempre se interesó por el destino de los brigadistas tras la guerra de España, como muchas familias que desconocían el paradero de su padre o sus hijos. Tuvo acceso a información cuando trabajó para los países de Europa del Este. En los documentos que he recuperado después de su muerte no he encontrado referencias a estos famosos archivos”.

El escritor hispano-francés Pierre Marqués Posty , en su libro La Croix-Rouge pendant la Guerre d’Espagne, 1936-1939. Les Missionnaires de l’Humanitaire (2000), también alude a Roger Codou y a estos misteriosos informes:

“El 5-2-1998, un ex brigadista francés, Roger Codou, nos dijo que conocía la existencia de un fichero con 2.000 dosiers que contenían las demandas de familias que interrogaban sobre la suerte de un hijo o de un padre desaparecido. Las defunciones estaban acompañadas del certificado correspondiente (en español) indicando las circunstancias de la muerte. Un número no despreciable, procedente de la prisión de Castelldefels, incluía la indicación: muerte por hidrocución o por accidente… Esta prisión estaba destinada principalmente a los brigadistas de nacionalidad francesa”.

Cielo Oscuro ha mantenido varias conversaciones telefónicas con Pierre Marqués Posty, pero también desconoce el paradero de estos documentos que hacen referencia a las muertes en el Castillo. Su madre, Suzanne Posty, fue secretaria del Ministerio de Asuntos Exteriores durante la Guerra Civil. Estuvo en la cárcel, donde conoció a Rolf Reventlow, un periodista y ex brigadista alemán que en 1932, con la llegada de Hitler al poder, se exilió a España. Reventlow fue un miembro activo del PSOE. Tras la Segunda Guerra Mundial regresó a Alemania y llegó a ser secretario general del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en Múnich. En 1952 se casó con Suzanne Posty en Argelia. Pierre Marqués Posty explica la siguiente anécdota:

“A mediados de los años 50 regresé de las vacaciones con mi mujer y mis hijos. Al pasar por Castelldefels nos detuvimos porque estábamos cansados… Un día, nos reunimos con mi madre y Rodolfo [Rolf Reventlow] en Múnich y comentamos las vacaciones… Les dijimos que habíamos parado en Castelldefels… Ambos se miraron y se dijeron: ‘¿Te acuerdas? Sí, me acuerdo mucho…’. Ellos sabían que había algo en Castelldefels, pero no dijeron nada más. Recuerdo esta anécdota porque más adelante supe que Castelldefels había alojado una prisión de las Brigadas Internacionales”.

Por otro lado, Ramón Fernández Jurado (1914-1984), militante del POUM y del Partit Socialista de Catalunya (PSC) fue comandante del ejército de la República, herido en combate en mayo de 1938. A comienzos de los años 80 fue concejal del Ayuntamiento de Castelldefels. En un artículo de La Vanguardia, del 23 de octubre de 1983, Ramón Fernández expresa lo siguiente sobre el castillo:

“Fue prisión para brigadistas internacionales, del que quedan todavía dolorosos vestigios de aquella triste época de nuestra historia. Se estima que hubo unos 500 miembros de las Brigadas Internacionales que fueron encarcelados y 50 de ellos fusilados. La capilla semidestruida del castillo de Castelldefels, una nave inhóspita y de lúgubre aspecto, fue el lugar donde sufrieron suplicio y cautiverio centenares de hombres de diversas nacionalidades europeas que vinieron voluntariamente a España. El castillo-cárcel de Castelldefels, en los años 1937-38 estaba bajo el mando del yugoslavo Copic y del francés Lantés, y los prisioneros eran sometidos a continuadas torturas por sus carceleros. Según testimonio de Roger Codou, comisario político de la 5ª Brigada, André Martí (el Carnicero de Albacete), inspector de las Brigadas Internacionales, no podía ignorar las torturas a que eran sometidos sus prisioneros. Esto se sabía en todo el frente; Martí jamás dio una orden para evitar o mitigar estas torturas”.

EPÍLOGO

María Fusté habla de la muerte de tres o cuatro soldados, además afirma haber visto un soldado muerto en el castillo; Joseph Burnier revela la muerte del camarada chino Sen Sen Semfley; Poul Erik Dreyer dice que se encontraron los restos de dos internacionales que habían sido enterrados en el castillo; Torben Rune denuncia la muerte por inanición de muchos de los presos y asegura haber visto huesos humanos en el patio del castillo; Edward Horan informa sobre la ejecución de Albert Wallach; Santillán condena los crímenes que se perpetraron en el castillo e indica que hubo días en que se encontraron 16 hombres asesinados; Pechienati denuncia el fusilamiento de una sesentena de presos, relata el brutal asesinato de Hans Rudolph y de otros siete detenidos, y menciona la muerte de un belga por pulmonía, además de otras ejecuciones; Codou habla de fusilamientos en grupo; y Fernández Jurado indica que fueron 50 los fusilados…

A día de hoy no se puede desmentir ni uno solo de estos testimonios, no existe contradicción alguna entre las partes. Pero tampoco se pueden afirmar sin más, no hay indicios físicos que los confirmen. La investigación arqueológica y la documental deberían abrir nuevas sendas en este intrincado asunto. La investigación, por tanto, sigue abierta.

Más información:

Asunto del preventorio de las Brigadas Internacionales en el castillo de Castelldefels, transcripción de Manuel González Moreno-Navarro

Castell de Castelldefels. Arqueologia, història, art, de Albert López Mullor, Imma Estany Morros y Raquel Lacuesta

El castell i les torres, de Albert López Mullor

Visitas guiadas al castillo de Castelldefels (Ayuntamiento de Castelldefels)

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El castillo y sus enigmas, 4.3 out of 5 based on 6 ratings
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4 Comentarios

  1. Publicado: 7 febrero, 2013 a las 18:24 | Permalink

    Excelente artículo y muy bien documentado

  2. Charles
    Publicado: 10 febrero, 2013 a las 21:48 | Permalink

    Quiero felicitarte Alec tanto por un articulo perfecto como por tu tenacia en revelar la historia oscura del castillo de Castelldefels y su vinculo con las Brigadas Internacionales durante la Segunda Republica y la guerra civil en España.
    A mi juicio ya es hora que el Castelldefels reconozca y commemora de forma digna los fallecidos de este castillo en el año 1938.

    Ne dejes el tema y siga adelante, porque Sen Sen, Edward Horan, Hans Rudolph y innumerables otros extranjeros que llegaron a España para combatir el fascismo merecen ser no olvidados por el pueblo y La Nacíon.

  3. Jordi Jane
    Publicado: 1 marzo, 2013 a las 9:57 | Permalink

    Molt bo aquest article d’investigació. D’estudis de la microhistòria se’n pot anar fent una història general més propera a la realitat dels fets.

  4. Jaume Català
    Publicado: 6 agosto, 2014 a las 20:25 | Permalink

    Molt bon article. Enhorabona. Bon exercici de recuperació de la memòria històrica. Dubto, Charles, que facin cap homenatge a les víctimes, doncs no encaixen amb la “Història” oficial que estan venent sobre el conflicte fratricida de 1936-39. Aquí es tracta de presentar, hi ho fan, que en el bàndol republicà eren uns lluitadors i uns màrtirs de la llibertat, i els altres uns assassins sàdics sense pietat ni escrúpols. Això és el que hi ha. A veure si el Memorial Democràtic de la Generalitat posa unes plaques, uns plafons, explicant els fets descrits en aquest article. Em penso que ja podem esperar asseguts … . Suposo que els posaran per a les calendes gregues.

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